Del «scroll» a la empatía
Una pregunta incómoda: “Si mostrar el rostro de una persona vulnerable os garantiza una mayor visibilidad y acción para darnos a conocer y recibir donaciones… ¿publicaríais su foto o protegeríais su anonimato aunque eso signifique recaudar menos?”
Así arrancó una mañana diferente en Cáritas Diocesana de León. No hubo diapositivas aburridas ni discursos teóricos. Lo que hubo fue una charla sobre cómo contamos nuestra labor en la era del scroll infinito.
Tuvimos el placer de abrir nuestras puertas a 12 jóvenes participantes de Erasmus+ procedentes de Eslovenia y Macedonia del Norte, junto a estudiantes de Cuba y España, en un programa de ILDEFE sobre Tecnología Digital. Un grupo diverso en orígenes y culturas, pero con un reto compartido: entender el poder que llevan en sus bolsillos cada vez que abren Instagram o TikTok.

Ponerse en la piel de quien gestiona la comunicación de una entidad social no es fácil. A lo largo de media hora, junto a los estudiantes hablamos sobre los grandes dilemas a los que nos enfrentamos a diario cuando posteamos sobre Cáritas Diocesana de León en redes sociales:
¿Testimonios reales o anonimato? Debatimos sobre la delgada línea que separa la visibilidad del estigma, y cómo mostrar la dureza de una realidad sin despojar a nadie de su dignidad.
El algoritmo del odio y los bulos. Analizamos el impacto de las noticias falsas, como las que desinformaron durante la emergencia de la DANA, y nos preguntamos el porqué de la viralización de los comentarios racistas y hostiles en redes y cómo es importante huir de alimentar la polarización.
¿Es posible hacer de la vulnerabilidad un producto de consumo? Hablamos el lenguaje de la Generación Z para reflexionar sobre si los vídeos rápidos y divertidos ayudan a concienciar o si, por el contrario, corren el riesgo de trivializar el dolor ajeno.

Pero la reflexión no se quedó entre cuatro paredes. Como trabajo final, cada estudiante tendrá que diseñar dos publicaciones para redes sociales centradas en promover el uso seguro de imágenes e información, así como una comunicación inclusiva y libre de odio, alineada con los valores de respeto y derechos humanos de la Unión Europea.
Al apagar las luces y despedir al grupo, nos quedamos con un poso de esperanza. En un entorno digital que muchas veces premia el morbo y el ruido, esperamos que esta generación de jóvenes demuestre que existe otra forma de comunicar. Una que elige la empatía sobre el clic, el respeto sobre la viralidad y la dignidad sobre el algoritmo.



